Sechster Brief


Tijuana, 5 de agosto de 1968


uerido mayestro:

Me hallaba ocupado en la agradable tarea de aporrear el órgano... de la iglesia cuando llegó Martita con tu carta. Por lo que dices en ella veo que como siempre la agudeza de tu ojo crítico no deja nada sin examinar. Recuerdo muy bien eso de "junto con mi novia", pero me dije, "El buen camarada Josef no dará mucha importancia ea esa pequeñez"; pero me doy cuenta de que en cuanto a sintaxis se refiera tú seguirás siendo el mismo juez implacable.

Tu hermano y amigo;


Huatabampo, Son., agosto de 1968, víspera de San Cayetano


uerido hermano:

Don Rito quiería a toda costa convencer a mi hermana para que adoptara a un perrillo suyo. Decía que era un buen can, "y la prueba está", adujo, "en que ayer mordió a una señora. Como puedes ver, Don Rito es muy original para hacer recomendaciones. Pero si necesitas uan carta de recomendación no se te ocurra pedir que él te la redacte.

¿Y qué te parece lo que hizo Oscar? Llegó a casa una señorita grande [vulgo: quedadona] ofreciendo boletos para una rifa y Oscar la atendió con una sarta de mentiras. Al final ella se retiró dándole una moneda de veinte centavos como cooperación a una supuesta velación-baile que el embustero de Oscar dijo que ofreceríamos en casa en honor del dos veces milagriento San Cayetano de Sinahuiza (un santo no reconocido por la jerarquía católica).

"Qué deshonesto eres, Oscar", lo reprendí. "Con cuánta frescura engañaste a la señorita para que cooperara con tu fingida velación".

"¿Qué quieres?", respondió él. "Fue en legítima defensa. Si no la friego yo con mi ficticia velación me hubiera fregado ella con su ficticia rifa".

"Y bien que es cegatona la interfecta", terció Félix.

"¿Más?", contestó Oscar. "Cuando le alargué el plato para que se dejara caer con la marmaja, no acertaba a echar la moneda en el ídem".

"Y se ha de haber ido con la duda", volvió a intervenir Félix, "de si la moneda que te dio era en efecto de veinte centavos o un cacharpón olímpico --moneda de twenty cinco pesos".

"¡Malhaya!", se dolió Oscar. "Si por equivocación me hubiera dado un cacharpón olímpico, como era mi deseo, hubiera salido cocido a comprarme un pantalón".

Tu hermano y amigo;



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